miércoles, 24 de julio de 2013

"De tudo ficaram três coisas;


a certeza de que ele estava sempre começando,
a certeza de que era preciso continuar 
e a certeza de que seria interrompido 
antes de terminar."


De todo quedarán tres cosas:

la certeza de que estaba siempre comenzando,
la certeza de que había que seguir
y la certeza de que sería interrumpido
antes de terminar.

Hacer de la interrupción un camino nuevo,
hacer de la caída, un paso de danza,
del miedo, una escalera,
del sueño, un puente, de la búsqueda,...un encuentro.


FERNANDO SABINO


Nota aclaratoria: Este poema, que aparece en el libro "O encontro marcado", de Fernando Sabino ( ISBN 85-01-91200-X), suele ser atribuido a Fernando Pessoa.

domingo, 7 de julio de 2013

Los elementos de la noche


Mis paginitas, ángel de mi guarda, fe
de las niñeras antiquísimas,
no pueden, no hacen peso en la balanza
contra el horror tan denso de este mundo

(…) la noche nuestra interminable doliendo.”

*Los elementos de la noche



Ni el agua en su destierro
sucederá a la fuente
ni los huesos del águila
volverán por sus alas.”

*Los elementos de la noche




Sin motivo ni causa uno supone
que llegó pronto o tarde
y se duele
('no habernos conocido...')”

*Otoi que j′eusse aimée...





Sólo el silencio que da miedo. Tan raro,
tan raro, tan escaso se ha vuelto en este mundo
que ya nadie se acuerda como suena...”

*El Silencio




Adiós, espuma del aire, isla que dura un instante.”

*La diosa blanca




José Emilio Pacheco

martes, 18 de junio de 2013

Abraxas

"Querido Sinclair, nuestro dios se llama Abraxas, y es dios y diablo; abarca el mundo oscuro y el claro. Abraxas no tiene nada que objetar a ninguno de sus pensamientos, a ninguno de sus sueños. No lo olvide. Pero le abandonará el día en que sea normal e intachable." H.H.

lunes, 17 de junio de 2013

La náusea


De nuevo el silencio en la faringe...”
J. P. Sartre, “La Náusea”

Por debajo de la piel
tiemblan los huesos,
profundos y abismales /
muertos de miedo.

El sonido punzante de la noche atraviesa los oidos,
como un aullido incandescente
que se instala en la boca del estómago
  y desgarra la carne
   y retuerce las tripas,

    la sangre quisiera huir
pero ya es demasiado tarde...

El cuerpo cae vencido ante el horror
y la náusea se apodera del aire,

...en una fosa cercana
     el gusano se relame en su suerte...

Surge entonces
ineludible y fatal
la noche final de tu existencia,

y ya no hay tiempo que perder,
   y todo es
      silencio,
        vacío
        y muerte.

           ****





Nueva Antología de poesía "PUENTE DE ALMAS" (Editorial Dunken)

lunes, 10 de junio de 2013

Perderse

"Caminé anoche durante horas. Era como si quisiera perderme por alguna calle nueva. Perderme absoluta y alegremente. Pero hay momentos en que no podemos, no sabemos perdernos. Aunque tomemos siempre las direcciones equivocadas. Aunque perdamos todos los puntos de referencia. Aunque se haga tarde y sintamos el peso del amanecer mientras avanzamos. Hay temporadas en que por más que lo intentemos, descubrimos que no sabemos, que no podemos perdernos. Y tal vez añoramos el tiempo en que podíamos perdernos. El tiempo en que todas las calles eran nuevas".

"Formas de Volver a Casa", A. Zambra

sábado, 8 de junio de 2013

Escribir

Escribir... o permanecer en ese tiempo impreciso de la escritura. Vomitar como endemoniado... sin tiempo ni música, sin fuerzas para pensar en lo que vendrá - si total, ya nada importa.
Y es entonces cuando el cuerpo estalla, avanza, y se quiebra...
y surgen hambrientas las grietas /  las venas, que supuran el veneno...
amargo, intenso, en todas direcciones...
salpicando las sábanas y las paredes, los sueños y las hojas en blanco.
Y el dolor entonces es inmenso, pero dulce, como un orgasmo...
Estremecerse, escribir, y estallar al fin... devorar en silencio ese estallido, y quedarse ahí, quietito... abrazado al verso, con los ojos vacíos desbordados de lágrimas; y el cuerpo, agotado...
casi adormecido.

domingo, 26 de mayo de 2013

Un bombardeo al revés....

“Entonces, tras haberse aislado ligeramente del tiempo, vio la última película, primero al revés, de fin a principio, y luego otra vez en sentido normal. Era una película sobre la actuación de los bombarderos americanos durante la Segunda Guerra Mundial y sobre los valientes hombres que los tripulaban. Vista hacia atrás la historia era así:

Aviones americanos llenos de agujeros, de hombres heridos y de cadáveres, despegaban de espaldas en un aeródromo de Inglaterra. Al sobrevolar Francia se encontraban con aviones alemanes de combate que volaban hacia atrás, aspirando balas y trozos de metralla de algunos aviones y dotaciones. Lo mismo se repitió con algunos aviones americanos destrozados en tierra, que alzaron el vuelo hacia atrás y se unieron a la formación.

La formación volaba de espaldas hacia una ciudad alemana que era presa de las llamas. Cuando llegaron, los bombarderos abrieron sus portillones y merced a un milagroso magnetismo redujeron el fuego, concentrándolo en unos cilindros de acero que aspiraron hasta hacerlos entrar en sus entrañas. Los containers fueron almacenados con todo cuidado en hileras. Pero allí abajo, los alemanes también tenían sus propios inventos milagrosos, consistentes en largos tubos de acero que utilizaron para succionar más balas y trozos de metralla de los aviones y de sus tripulantes. Pero todavía quedaban algunos heridos americanos, y algunos de los aviones estaban en mal estado. A pesar de ello, al sobrevolar Francia aparecieron nuevos aviones alemanes que solucionaron el conflicto. Y todo el mundo estuvo de nuevo sano y salvo.

Cuando los bombarderos volvieron a sus bases, los cilindros de acero fueron sacados de sus estuches y devueltos en barcos a los Estados Unidos de América. Allí las fábricas funcionaban de día y de noche extrayendo el peligroso contenido de los recipientes. Lo conmovedor de la escena era que el trabajo lo realizaban, en su mayor parte, mujeres. Los minerales peligrosos eran enviados a especialistas que se encontraban en regiones lejanas. Su tarea consistía en enterrarlos y esconderlos bien para que así no volvieran a hacer daño a nadie.

Los pilotos americanos mudaron sus uniformes para convertirse en muchachos que asistían a las escuelas superiores. Y Hitler se transformó en niño, según dedujo Billy Pilgrim. En la película no estaba. Porque Billy extrapolaba. Y se imaginó que todos se volvían niños, que toda la humanidad, sin excepción, conspiraba biológicamente para producir dos criaturas perfectas llamadas Adán y Eva."


"Matadero cinco", de Kurt Vonnegut

jueves, 31 de enero de 2013

Solo un grano de arena


"When the beginnings of self-destruction enter the heart 
it seems no bigger than a grain of sand..."



"Cuando la autodestrucción entra en el corazón, al princpio parece un grano de arena. Es como una jaqueca, una indigestión leve, un dedo infectado; pero pierdes el tren de la 8:20 y llegas tarde para solicitar un aumento. El viejo amigo con quien vas a comer de repente agota tu paciencia y para mostrarte amable te tomas tres copas, pero el día ya ha perdido forma, sentido y significado. Para recuperar cierto propósito y belleza bebes demasiado en las fiestas y te propasas con la mujer de otro y acabas por hacer algo tonto y obsceno y a la mañana siguiente desearías estar muerto. Pero cuando tratas de repasar el camino que te ha conducido a este abismo, sólo encuentras en grano de arena..."

John Cheever, "Diarios"

viernes, 25 de enero de 2013

El Fin

No quedaban libros… ni esquelas, ni pancartas. La humanidad había enmudecido y, embrutecidos ahora, se gritaban en silencio las pasiones que ayer (los) enterraron para siempre..




miércoles, 23 de enero de 2013

Como un conejillo entre tus piernas...


...o de las similitudes entre Raimundo Amador y Mario Levrero.



Ay! Qué Gustito Pa' Mis Orejas
Enterradito entre tus piernas...
R. Amador 


"Laura gateaba en el pasto. La cosquilla de los yuyos la excitaba, y entonces aparecía un conejo.Ella lo atrapaba entre sus piernas. Era lindo de ver la cabecita blanca asomando y hociqueando sobre esas nalgas también blancas. Ella decía preferir los conejos a los hombres; que los conejos eran de pelo más suave y cuerpo más cálido. Y si ella apretaba un poco demasiado con sus muslos, al conejo se le nublaban los ojos y moría dulcemente, graciosamente, o aun con indiferencia."  

 Mario Levrero, "Caza de conejos"